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August 21st, 2005


Sin (ton ni son) City

Posted on 21-08-2005 at 03:08
A Frank Miller le pasa, en parte, como a los Valium. O como a los polvos. O como a los helados. O como a cualquier otra cosa.

Te tomas/echas/comes uno y mola, te relajas y tal. Te tomas quince de golpe y te tienen que llevar al hospital, o te haces monje franciscano o no vuelves a comer nada frío en el resto de tu vida.

Y con Sin City, y Frank Miller en general, es lo mismo: cansa. Agota. Abruma. En Sin City todo el mundo es más chulo que un ocho y más duro que el pedernal, absolutamente todo Dios es ultra-chungo, come acero y caga balas. Todas las mujeres son fatales, todos los tíos piensan en larguísimos cuadros de apoyo que harían vomitar a Dashiell Hammett, ya que a pesar de que son matones o ladrones o polis tienen todos una verborrea y una facilidad para la metáfora chulesca que haría reverdecer de envidia a cualquier ratón de biblioteca.

Y las putas son ninjas.

Me gustaría conocer al psiquiatra de Miller para que me explicara la obsesión de este buen señor con los ninjas: salen ninjas en Daredevil, por supuesto en Elektra, pero es que también los metió en Robocop, en el paso de las Termópilas había unos cuantos persas con uniformes muy sospechosos, y por supuesto en Sin City hay una prostituta japonesa que también es ninja. O es que no es puta. O es que se gana la vida como asesina a sueldo pero sólo traga nabos porque en el fondo es una viciosilla. La verdad es que no me acuerdo.

Y ésa es la principal razón por la que creo que Sin City no es un buen cómic. Hubiera sido mucho mejor cómic si el tío se hubiera limitado a contar tres, cinco historias. Pero la historia sobre el bedel del ayuntamiento de Basin City, que debe mucha pasta a la mafia por deudas de juego pero piensa pagarles sacándoles a hostias los duros a tres concejales pederastas que conoce y nos va contando esta historia mientras le llueve sobre la gabardina de mucho, mucho vuelo (uniforme oficial de los funcionarios de Basin City) mientras se dirige a su casa; sin saber que su señora, que antes de casarse con él fue entrenada por un maestro ninja (ciego) y tiene estrellas shuriken clavadas en la tabla de planchar, por si acaso, lo está esperando con su narigata-rodillo de amasar para que le explique porque no le ha partido los dientes y se los ha hecho recoger del suelo con las manos rotas al vecino del quinto izquierda, ex boxeador alcoholizado y con el cuerpo lleno de tiritas blancas, más bruto que un arado pero con el corazón de un poeta, que ha tenido la osadía de darle los buenos días en lugar de mandarla a la mierda esa misma mañana cuando la ex-ninja bajaba a comprar el pan; pues qué queréis que os diga, estoy saturadito de este tipo de historias. Llegó un momento en los tebeos en el que juré y perjuré que como leyera a otro personaje más decirse a sí mismo aquello de "mi trabajo no es bonito, pero alguien tiene que hacerlo" me hacía fan de Umberto Eco.

Además, siempre he tenido la sospecha de que el peculiar estilo de Sin City es en realidad una treta muy vil para escaquearse de dibujar de la manera más cutre.

Y la peli.... buff, la peli. Para empezar, alguien tendría que convencer a Robert Rodríguez de un hecho básico y fundamental: para ser hombre orquesta hay que saber tocar más de un instrumento. Y, lo siento mucho, pero Rodríguez no tiene ni repajolera idea de montaje, por ejemplo. Tampoco estoy muy convencido de que sepa dirigir más allá de lo que copia a Tarantino (que a su vez es un copiota de primera), pero algo tiene que hacer el hombre.

Segundo, la próxima vez que un furibundo fan exija a grito pelado que las adaptaciones de libros, cómics, óperas o cromos de la Liga de Fútbol Profesional al cine tienen que ser LITERALES, por Dios, las palabras del MAESTRO (el que toque) no DEBEN alterarse... pues habría que recordarle este truño para que fuera cerrando la boca.

Porque es un truño muy bonito, de acuerdo, pero no deja de ser un truño. Vamos a ver, que en el tebeo queda muy bonito que la silueta de un personaje herido sea un bloque de negra tinta china y la sangre sea una mancha de blanco encima, pero para hacer eso en la pantalla tienes que hacer que la "sangre" de los actores sea una especie de substancia lechosa y brillante, de tal manera que daba la impresión de que Benicio del Toro había sido reemplazado por un Depredador, porque sangraban igualico, igualico... Esos diálogos de risa, lo de llamar a una tía (puta para más señas) "mi guerrera, mi gladiadora". Las gafas de Cíclope que se marca el psicópata de Elijah Wood, que brillan en color completamente blanco para distinguirlas de la silueta del personaje, aunque no haya ninguna fuente externa que justifique el brillo. Ese Tiritas, más fuerte que Superman, más chungo que Lobezno, más borrico que el Punisher atobirrado a esteroides. Ese barrio dominado por las putas chungas, que mantienen a la poli fuera de su terreno y sospechosamente consiguen clientes, aunque yo no sería un cliente demasiado relajado en semejante ambiente. Claro que se me olvida que en Sin City todo el mundo ha hecho el máster de reventar huesos. Esas tiritas curalotodo blanco fosforito. Ese poli de sesenta años que el día de su jubilación aguanta un infarto, tres impactos de bala y unas cuantas hostias para salvar a una cría, que ocho años después, cuando el amigo tiene sesentayocho primaveras tiene serias dudas sobre tirársela o no mientras vuelve a tener un infarto, le vuelven a pegar dos tiros y tres palizas, hasta que por fin consiguen que el Rasputín de los cojones la diñe. Esas gabardinas de un material sospechosamente reflectante, para que queden bien en el blanco y negro. Esos fabricantes de ascensores arruinados, porque en Sin City todo Dios se tira por la ventana cuando quiere bajar a la calle, estén en el piso que estén, y no les pasa nada. Ese poli negro con uniforme de ferroviario y ojo de oro. Esa Carla Gugino con la mano cortada de raíz, que sólo se pone histérica cuando se lo cuenta al Tiritas, y después se fuma un cigarro tan a gusto. Claro que, en Sin City que te corten una mano debe ser una herida menor. Etcétera ad nauseam.

Resumiendo, que de un mal tebeo sale una mala película. Y si encima adaptas el tebeo literalmente, rozas el ridículo por momentos. Lo malo es que este axioma no se cumple al revés y de un buen tebeo suele salir una buena película, porque eso es difícil de cojones....

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