| Gordo de Mierda ( @ 2005-12-20 11:04:00 |
Boicot
Boicot. Bonito palabro, últimamente muy de moda entre nacionalistas, no nacionalistas, políticos, comentaristas, futbolistas y, en general, todo Dios.
Y está de moda, claro, porque nos vuelve a sumir en el impresionante bilateralismo de este país de mierda. En este puto terruño, o eres negro o eres blanco. Los grises no valen. En esta España de los cojones, o eres del Madrid o eres del Barcelona, nacionalista o españolista, progre o facha. Y, por supuesto, el ser de una opción excluye completamente a la otra, y los de enfrente deben eliminarse. Lo que en este país entendemos por diálogo no son más que monólogos a voces. Decimos lo nuestro, nos callamos y cuando el de enfrente está hablando no lo escuchamos, sencillamente esperamos a que tome aire para meter baza, abundando en lo que ya hemos dicho, sin que el parlamento del otro nos haya afectado lo más mínimo. Nos ha resbalado, literalmente.

Y en medio de la gresca de cada día, en medio de ese inmenso patio de vecinos repleto de verduleras que es la escena pública de este país, uno de los temas favoritos en estos momentos es el puñetero Estatut(o). Los catalanes o sus políticos se han dado cuenta de que a los españoles nos huele el sobaco y no quiere compartir el ascensor con nosotros. Pero es que tampoco quieren subir escaleras, lo que quieren es un ascensor para ellos solos, pagado entre todos. Más o menos.
Y la respuesta popular (y me refiero al pueblo, a la gente, a tí y a mí, no a cierto partido político) ha sido un boicot. En este caso, y teniendo en cuenta la cercanía de las putas navidades, ha tomado forma el boicot contra los cavas y otros productos catalanes. Pero estas cosas no surgen espontáneamente como las pelusas del ombligo. Salen de algún sitio, alguien las promueve. Abres un día el correo, y plas, te encuentras con una lista de productos que no debes comprar si eres un buen español. Productos catalanes, o vascos, o gallegos, aunque de este último no tengo noticias ya veréis cómo no tardará.
Y es algo que ya ni me cabrea, sino que me entristece. Profundamente. Porque es otro ejemplo de que en esta comunidad de vecinos no interesa que pongamos manos a la obra para arreglar las goteras, sino que nos pongamos a gritar como locos unos contra otros para ver quién tuvo la culpa de que aparecieran las goteras en primer lugar. Y mientras ponemos a parir al otro lado y ensalzamos el nuestro, las goteras siguen goteando.
Si los catalanes quieren ser independientes, lo serán. Y lo mismo vale para los gallegos, los vascos y los de Fuenlabrada. Más tarde o más temprano, lo serán. No hay vuelta de hoja. Lo que no entiendo es ese afán de querer que permanezca a nuestro lado alguien que no quiere estar. Lo que no entiendo es el increíble esfuerzo de políticos y prensa por centralizar la vida política de este país en una cuestión tan trivial: arreglen el tema de la vivienda, la inseguridad, el paro, la justicia, la sanidad, los transportes, las carreteras, y los demás temas que nos toca vivir a los ciudadanos, señores políticos, y déjense de hostias. Y si los catalanes quieren tener himno, constitución, selección de fútbol y concursar en Eurovisión por separado, pues adelante con los faroles.
Y a tí, españolito de a pie que lees este vómito, te puedo decir tres cuartas partes de lo mismo. No comprarás cava catalán estas navidades porque los catalanes son unos cabrones que quieren ir por su lado, y eso no se puede consentir, por Dios y por la virgen. Y seguirás feliz de la vida, pensando que eres un patriota, cuando lo que eres es gilipollas. Te han vuelto a chulear, presumiblemente alguna empresa francesa que es la creadora del boicot patriótico en contra del cava catalán.
Porque, ojo, no creo que los boicot sean malos per se. Todo lo contrario, creo que son un arma excelente, y de las pocas que nos quedan para dar por culo a los poderosos. Pero los usamos fatal, coño. ¿Ejemplos? A patadas.
Sabemos de sobra que la marca Nike (conste que digo Nike, pero que podría decir Adidas, Reebok, etc.) utiliza mano de obra infantil en países subdesarrollados de Asia para hacer zapatillas, ropa y balones, por ejemplo. Sabemos de sobra que esos niños, que deberían estar en una escuela en lugar de trabajando como mulas 12 horas diarias, están muy mal pagados. Si por lo menos eso sirviera para que las zapatillas, ropa y balones Nike fueran muy baratos, pues al menos podríamos asumir la monstruosidad en propio beneficio: esto está hecho por niños que deberían estar en la escuela, pero al menos por eso me salen tiradas de precio, y los niños que se jodan. Que se reencarnen como noruegos en el próximo ciclo kármico, y mientras tanto ajo, agua y resina. Pero es que no. Es que las zapatillas que Nike fabrica en Vietnam pagando un sueldo miserable a niños (niños, joder!!!) cuestan un puto ojo de la cara. Un riñón. Una pasta. Ojo de la cara, riñón y pasta que soltamos tan alegremente, porque coño, son unas Nike, son muy molonas, y si las llevo puestas soy un triunfador, un deportista, un nuevo Beckham. Si Beckham se las pone, por algo será.
Sí, gilipollas, sí. Si Beckham se las pone, por algo será: por la pasta que le suelta Nike por hacerlo. Que sale de fabricar algo a precio de mierda y vendértelo a tí a precio de oro, tonto del culo.
Sabemos todo esto de sobra, no estoy descubriendo América. Y nos la pela. Y ahora, cierra la ojos un momento, e imagínate que el director de Nike recibe una carta en la que le avisa que o manda la globalización a tomar por culo o el mundo le va a joder. El director de Nike se descojona y tira la carta. Y durante los dos meses siguientes Nike no vende absolutamente nada en todo el mundo. Ni una sola zapatilla, ni un sólo chándal, ni un sólo balón. Ni un mísero cordón de zapatilla. Nada. Nothing. Zilch. Cero. A lo mejor el descojono del director de Nike se terminaba de raíz.
Hace unos meses cerró la última fábrica de Levi's en Estados Unidos. Los pantalones vaqueros por excelencia, ese símbolo de los US of A, se fabrican ahora en otras partes del mundo, lugares en los que los obreros cobran menos. Según la marca, es para que los pantalones sigan siendo competitivos. ¿Significa eso que los Levi's son ahora más baratos? No. Significa que Levi's gana más dinero que antes. Si los yankees hubieran dejado de comprar pantalones de esa marca en el mismo momento en el que la última fábrica echó el cierre, pues a lo mejor no se hubieran ido.
Y etcétera. El boicot es una auténtica bomba nuclear, pero jamás aprendermos a utilizarlo. Y así nos va, claro. Como siempre.
Boicot. Bonito palabro, últimamente muy de moda entre nacionalistas, no nacionalistas, políticos, comentaristas, futbolistas y, en general, todo Dios.
Y está de moda, claro, porque nos vuelve a sumir en el impresionante bilateralismo de este país de mierda. En este puto terruño, o eres negro o eres blanco. Los grises no valen. En esta España de los cojones, o eres del Madrid o eres del Barcelona, nacionalista o españolista, progre o facha. Y, por supuesto, el ser de una opción excluye completamente a la otra, y los de enfrente deben eliminarse. Lo que en este país entendemos por diálogo no son más que monólogos a voces. Decimos lo nuestro, nos callamos y cuando el de enfrente está hablando no lo escuchamos, sencillamente esperamos a que tome aire para meter baza, abundando en lo que ya hemos dicho, sin que el parlamento del otro nos haya afectado lo más mínimo. Nos ha resbalado, literalmente.

Y en medio de la gresca de cada día, en medio de ese inmenso patio de vecinos repleto de verduleras que es la escena pública de este país, uno de los temas favoritos en estos momentos es el puñetero Estatut(o). Los catalanes o sus políticos se han dado cuenta de que a los españoles nos huele el sobaco y no quiere compartir el ascensor con nosotros. Pero es que tampoco quieren subir escaleras, lo que quieren es un ascensor para ellos solos, pagado entre todos. Más o menos.
Y la respuesta popular (y me refiero al pueblo, a la gente, a tí y a mí, no a cierto partido político) ha sido un boicot. En este caso, y teniendo en cuenta la cercanía de las putas navidades, ha tomado forma el boicot contra los cavas y otros productos catalanes. Pero estas cosas no surgen espontáneamente como las pelusas del ombligo. Salen de algún sitio, alguien las promueve. Abres un día el correo, y plas, te encuentras con una lista de productos que no debes comprar si eres un buen español. Productos catalanes, o vascos, o gallegos, aunque de este último no tengo noticias ya veréis cómo no tardará.
Y es algo que ya ni me cabrea, sino que me entristece. Profundamente. Porque es otro ejemplo de que en esta comunidad de vecinos no interesa que pongamos manos a la obra para arreglar las goteras, sino que nos pongamos a gritar como locos unos contra otros para ver quién tuvo la culpa de que aparecieran las goteras en primer lugar. Y mientras ponemos a parir al otro lado y ensalzamos el nuestro, las goteras siguen goteando.
Si los catalanes quieren ser independientes, lo serán. Y lo mismo vale para los gallegos, los vascos y los de Fuenlabrada. Más tarde o más temprano, lo serán. No hay vuelta de hoja. Lo que no entiendo es ese afán de querer que permanezca a nuestro lado alguien que no quiere estar. Lo que no entiendo es el increíble esfuerzo de políticos y prensa por centralizar la vida política de este país en una cuestión tan trivial: arreglen el tema de la vivienda, la inseguridad, el paro, la justicia, la sanidad, los transportes, las carreteras, y los demás temas que nos toca vivir a los ciudadanos, señores políticos, y déjense de hostias. Y si los catalanes quieren tener himno, constitución, selección de fútbol y concursar en Eurovisión por separado, pues adelante con los faroles.
Y a tí, españolito de a pie que lees este vómito, te puedo decir tres cuartas partes de lo mismo. No comprarás cava catalán estas navidades porque los catalanes son unos cabrones que quieren ir por su lado, y eso no se puede consentir, por Dios y por la virgen. Y seguirás feliz de la vida, pensando que eres un patriota, cuando lo que eres es gilipollas. Te han vuelto a chulear, presumiblemente alguna empresa francesa que es la creadora del boicot patriótico en contra del cava catalán.
Porque, ojo, no creo que los boicot sean malos per se. Todo lo contrario, creo que son un arma excelente, y de las pocas que nos quedan para dar por culo a los poderosos. Pero los usamos fatal, coño. ¿Ejemplos? A patadas.
Sabemos de sobra que la marca Nike (conste que digo Nike, pero que podría decir Adidas, Reebok, etc.) utiliza mano de obra infantil en países subdesarrollados de Asia para hacer zapatillas, ropa y balones, por ejemplo. Sabemos de sobra que esos niños, que deberían estar en una escuela en lugar de trabajando como mulas 12 horas diarias, están muy mal pagados. Si por lo menos eso sirviera para que las zapatillas, ropa y balones Nike fueran muy baratos, pues al menos podríamos asumir la monstruosidad en propio beneficio: esto está hecho por niños que deberían estar en la escuela, pero al menos por eso me salen tiradas de precio, y los niños que se jodan. Que se reencarnen como noruegos en el próximo ciclo kármico, y mientras tanto ajo, agua y resina. Pero es que no. Es que las zapatillas que Nike fabrica en Vietnam pagando un sueldo miserable a niños (niños, joder!!!) cuestan un puto ojo de la cara. Un riñón. Una pasta. Ojo de la cara, riñón y pasta que soltamos tan alegremente, porque coño, son unas Nike, son muy molonas, y si las llevo puestas soy un triunfador, un deportista, un nuevo Beckham. Si Beckham se las pone, por algo será.
Sí, gilipollas, sí. Si Beckham se las pone, por algo será: por la pasta que le suelta Nike por hacerlo. Que sale de fabricar algo a precio de mierda y vendértelo a tí a precio de oro, tonto del culo.
Sabemos todo esto de sobra, no estoy descubriendo América. Y nos la pela. Y ahora, cierra la ojos un momento, e imagínate que el director de Nike recibe una carta en la que le avisa que o manda la globalización a tomar por culo o el mundo le va a joder. El director de Nike se descojona y tira la carta. Y durante los dos meses siguientes Nike no vende absolutamente nada en todo el mundo. Ni una sola zapatilla, ni un sólo chándal, ni un sólo balón. Ni un mísero cordón de zapatilla. Nada. Nothing. Zilch. Cero. A lo mejor el descojono del director de Nike se terminaba de raíz.
Hace unos meses cerró la última fábrica de Levi's en Estados Unidos. Los pantalones vaqueros por excelencia, ese símbolo de los US of A, se fabrican ahora en otras partes del mundo, lugares en los que los obreros cobran menos. Según la marca, es para que los pantalones sigan siendo competitivos. ¿Significa eso que los Levi's son ahora más baratos? No. Significa que Levi's gana más dinero que antes. Si los yankees hubieran dejado de comprar pantalones de esa marca en el mismo momento en el que la última fábrica echó el cierre, pues a lo mejor no se hubieran ido.
Y etcétera. El boicot es una auténtica bomba nuclear, pero jamás aprendermos a utilizarlo. Y así nos va, claro. Como siempre.