| Gordo de Mierda ( @ 2005-12-14 16:13:00 |
Positivismo
OK. Uno de mis amables lectores me ha recomendado recientemente, merced a un amable y bienintencionado comentario en la entrada anterior, que lo supere y comience a hablar de otras cosas. Qué coño, tiene razón. Al fin y al cabo, no es culpa de nadie que yo esté gordo (y si hay que buscar culpables, yo soy el principal y único sospechoso) y el público está cansado de historias tristes, de neuras y de paranoias varias. Vamos, que tampoco es para tanto: no es como si no tuviera donde caerme muerto, no es como si me hubieran maltratado o abusado de mí en mi infancia, etc. El público demanda otra cosa, y ya se sabe que un blogger se debe a su público.
Nada. A partir de hoy, historias felices. Cambio el diseño del blog, que a partir de ahora tendrá un fondo rosa e imágenes de mariposas y gatitos, cambio el chip de mi cabeza, salgo a tomar el aire más a menudo (como recomendaba otro ínclito lector en otro estimable comentario), y en general intento no pensar tanto en mis problemas.
Lo malo es que veo algún problema en esto. Pequeño, nada que no pueda arreglarse, pero problema al fin y al cabo. Veamos....
Cuando vaya a tomar algo con unos amigos a un bar y las sillas tengan brazos, seguramente no cabré dentro. Tengo dos soluciones para esto: siempre puedo decir "Hmmm, que sillas tan pequeñas tienen en este local" o ir por ahí con una motosierra portátil y eliminar los brazos de la silla. Como esto último es poco práctico y muy dado a tentaciones que terminarían con mis lorzas (perdón, mis huesos) en la cárcel, escogeré la primera opción.
La próxima vez que alguna fémina rechace mis avances (qué fémina, jaja, qué avances, jaja; puedo oír a mi subconsciente); en lugar de pensar que es una zorra que se guía exclusivamente por el físico, pensaré sencillamente que es frígida. O que está en claro desacuerdo con mi opinión sobre la hermenéutica del berberecho salvaje, lo cual lógicamente impide que tengamos cualquier tipo de contacto físico. Será eso.
Cuando vaya a comprar ropa tendré que pensar que soy Gulliver en Lilliput. Aunque creo que ese sentimiento lo tiene bastante gente en las tiendas de ropa.
Cuando ande por la calle y empiece a resollar sin aliento por haber andado a paso de tortuga cincuenta metros, tendré que imaginarme con mucha fuerza que he ido corriendo como un loco unos 42 kilómetros. Espero no morirme como el tío del Marathon original.
Igual que la motosierra, tendré que ir por la calle con una niveladora, para esas inoportunas cuestas.
Claro que, ahora que lo pienso con detenimiento, todo este buen rollo positivista no va a poder ser. Primero, tendría que eliminar los espejos de todo mi entorno, para no tener que ver la cruda realidad:

Sí, ése soy yo. O como diría la canción, yo soy ésa: esa cantidad ingente de carne. Lo malo es que perder los espejos es el primer paso hacia una higiene personal inexistente, y francamente, es lo que me faltaba.
Y hay otro pequeño pero que me impediría seguir con el positivismo, las flores y los pajaritos. Tendría que amputarme las piernas más o menos de rodillas para abajo para no tener que ver esto otro:

Sí, ése es mi pie izquierdo, no el de Daniel Day-Lewis. Lo cual nos lleva al problema número uno: ¿hay sillas de ruedas sin brazos? O, en su defecto, ¿hay sillas de ruedas tamaño king-size? Como creo que la respuesta es no, voy a tener que quedarme como estaba y seguir escribiendo en este modesto espacio lo que a mí
ME SALGA DE LOS COJONES,
le guste a mis lectores o no.
Y al que no, ya sabe dónde está la puerta.
OK. Uno de mis amables lectores me ha recomendado recientemente, merced a un amable y bienintencionado comentario en la entrada anterior, que lo supere y comience a hablar de otras cosas. Qué coño, tiene razón. Al fin y al cabo, no es culpa de nadie que yo esté gordo (y si hay que buscar culpables, yo soy el principal y único sospechoso) y el público está cansado de historias tristes, de neuras y de paranoias varias. Vamos, que tampoco es para tanto: no es como si no tuviera donde caerme muerto, no es como si me hubieran maltratado o abusado de mí en mi infancia, etc. El público demanda otra cosa, y ya se sabe que un blogger se debe a su público.
Nada. A partir de hoy, historias felices. Cambio el diseño del blog, que a partir de ahora tendrá un fondo rosa e imágenes de mariposas y gatitos, cambio el chip de mi cabeza, salgo a tomar el aire más a menudo (como recomendaba otro ínclito lector en otro estimable comentario), y en general intento no pensar tanto en mis problemas.
Lo malo es que veo algún problema en esto. Pequeño, nada que no pueda arreglarse, pero problema al fin y al cabo. Veamos....
Cuando vaya a tomar algo con unos amigos a un bar y las sillas tengan brazos, seguramente no cabré dentro. Tengo dos soluciones para esto: siempre puedo decir "Hmmm, que sillas tan pequeñas tienen en este local" o ir por ahí con una motosierra portátil y eliminar los brazos de la silla. Como esto último es poco práctico y muy dado a tentaciones que terminarían con mis lorzas (perdón, mis huesos) en la cárcel, escogeré la primera opción.
La próxima vez que alguna fémina rechace mis avances (qué fémina, jaja, qué avances, jaja; puedo oír a mi subconsciente); en lugar de pensar que es una zorra que se guía exclusivamente por el físico, pensaré sencillamente que es frígida. O que está en claro desacuerdo con mi opinión sobre la hermenéutica del berberecho salvaje, lo cual lógicamente impide que tengamos cualquier tipo de contacto físico. Será eso.
Cuando vaya a comprar ropa tendré que pensar que soy Gulliver en Lilliput. Aunque creo que ese sentimiento lo tiene bastante gente en las tiendas de ropa.
Cuando ande por la calle y empiece a resollar sin aliento por haber andado a paso de tortuga cincuenta metros, tendré que imaginarme con mucha fuerza que he ido corriendo como un loco unos 42 kilómetros. Espero no morirme como el tío del Marathon original.
Igual que la motosierra, tendré que ir por la calle con una niveladora, para esas inoportunas cuestas.
Claro que, ahora que lo pienso con detenimiento, todo este buen rollo positivista no va a poder ser. Primero, tendría que eliminar los espejos de todo mi entorno, para no tener que ver la cruda realidad:

Sí, ése soy yo. O como diría la canción, yo soy ésa: esa cantidad ingente de carne. Lo malo es que perder los espejos es el primer paso hacia una higiene personal inexistente, y francamente, es lo que me faltaba.
Y hay otro pequeño pero que me impediría seguir con el positivismo, las flores y los pajaritos. Tendría que amputarme las piernas más o menos de rodillas para abajo para no tener que ver esto otro:

Sí, ése es mi pie izquierdo, no el de Daniel Day-Lewis. Lo cual nos lleva al problema número uno: ¿hay sillas de ruedas sin brazos? O, en su defecto, ¿hay sillas de ruedas tamaño king-size? Como creo que la respuesta es no, voy a tener que quedarme como estaba y seguir escribiendo en este modesto espacio lo que a mí
ME SALGA DE LOS COJONES,
le guste a mis lectores o no.
Y al que no, ya sabe dónde está la puerta.