| Gordo de Mierda ( @ 2005-08-12 17:45:00 |
Política-ficción
[Nota preliminar: El vómito de hoy es de los que levantan urticarias. Como alguno de mis comentaristas ha sugerido con una agudeza fuera de lo común, de vez en cuando escribo un post de estos muy, muy polémicos con el siniestro fin de aumentar el número de visitas a la página, para que me sigan reportando millonarios ingresos los doce paneles de anuncios de Google que tengo diseminados por el blog. Además, el número de visitas y los trackbacks y todo eso es algo que me obsesiona de tal modo que la página está llena de ellos. Y no olvidemos que LiveJournal me paga una pasta por cada comentario que pongáis, así que tengo que ser muy polémico. Al fin y al cabo, yo como de esto y ya se sabe que yo como mucho. Ah!, por cierto, cuando recibáis un correo de un nigeriano que aprovechando la caída del gobierno de MoowlooMoowloo ha trincado cientos de miles de millones de dóllares y sólo necesita vuestra ayuda para sacarlo del país y de paso haceros ricos, respondedle inmediatamente con vuestros datos bancarios, las escrituras de vuestra casa y vuestra talla de calzoncillos. Y como nota preliminar ya está bien, así que me voy a tomar unas birras con Papá Noel mientras Campanilla me la come. No te jode.]
No tengo ni la más remota idea de medicina, y más o menos es la misma idea que tengo de política, economía, fútbol, sexo, drogas o rock 'n' roll. Por supuesto, eso no me detiene en lo más mínimo para opinar de lo que haga falta, ya que siempre he pensado que si los tertulianos de la tele hacen lo mismo, ¿por qué yo no puedo? Además, las opiniones son como los culos, y el mío es más grande que el tuyo.
No tengo ni la más remota idea de medicina, pero he visto películas. Y es sabiduría popular en las películas que cuando hay un miembro del cuerpo se gangrena, hay que amputar. Ley de vida, como aquél que dice. Se corta por lo sano (de hecho, esa expresión viene precisamente de esta práctica) el miembro afectado para que la gangrena no se extienda por el resto del cuerpo y el interfecto se dedique a la cría de la malva silvestre. Mejor manco, o cojo, que cadáver.
En las relaciones personales, por lo que he leído en los libros y he visto en las películas, siempre es mejor cortar una mala relación por lo sano que permitir que siga emponzoñándonos la existencia. Se sufre, se pasa mal, pero después las cosas mejoran en la vida de uno, porque hemos eliminado el elemento que nos estaba jodiendo la vida.
Vamos, que en palabras de mi madre, esa gran filósofa de nuestro tiempo, lo que no conviene se deja.
Pues así terminaba yo con el problema de los nacionalismos. Dándoles, precisamente, lo que en apariencia quieren. Gracias al cielo no soy presidente del Gobierno, ni lo seré jamás, porque mi argumentación sería más o menos como sigue.
Vamos a ver, señor Ibarretxe, ¿qué coño es eso de hacerse estado libre asociado? Es como el hijo que se independiza de sus padres poniendo un candado en la puerta de su cuarto. No quiere injerencia paterna en sus asuntos, no quiere que sus padres le controlen lo que gasta o en qué lo gasta, ni que lo pillen con el maniubro en la mano en las noches de asueto; pero hostias, bien que queremos seguir trincando del monedero de mami. Pues así no son las cosas.
Lo mejor es cortar por lo sano: se hace el puñetero referéndum de una puta vez, y si los vascos y las vascas deciden que quieren ser vascos y vascas antes que españoles y españolas, pues nada. Se da un plazo de tiempo razonable (unos seis meses) para recolocar en España a aquellos vascos (y vascas) que prefieran venirse para España (Pepe). Después, se hace una frontera, se colocan vallas y ¡ya está! Ya sois independientes. Ya podéis tener vuestra propia policía, vuestro propio ejército, vuestros propios bancos, vuestra propia Agencia Tributaria, vuestra propia moneda (el eusko), vuestra propia selección de fúmbol, y todas esas maravillas con las que todo buen nazionalista sueña. Qué coño, con un poco de suerte alguno no se ha largado con la recolocación y podéis deportarlos al maligno Estado español, o mejor aún, montar un campo de concentración, que esas cosas yo sé que os encantan.
Eso sí, ahora os tocará intentar entrar en la Unión Europea, os tocará hacer que el eusko entre en convergencia con el euro, os tocará convencer a un buen mogollón de empresas que vuelvan a invertir en vuestro suelo, os tocará montar un ejército medio decente, os tocará intentar que el descojonamiento de piedras a puro huevo sea deporte olímpico, os tocará montar una Independiente Academia de la Lengua Euskara, os tocará negociar tratados pesqueros y de otras gaitas con otros países, y un largo etcétera de cosas que dábais por sentadas mientras seguías mamando de la teta de mamá-Estado. La independencia es dura, es lo que tiene. Y si los adorables muchachos de la kale borroka se encuentran con que no tienen razones para protestar pero, qué coño, tienen un mono de quemar sucursales bancarias que te cagas y deciden volver a las andadas protestando ahora por el precio del pescado, pues qué mala suerte. Pero eso ahora ya no es nuestro problema, amigos y amigas.
¿Y los presos vascos repartidos en nuestro país? Os los devolvemos, para que los recibáis con honores y bandas de música, que es lo que parece ser que queréis. Como auténticos héroes de la guerra de independencia. A ver qué coño hacéis con ellos.
En definitiva, tomad la independencia y atiborraos de ella. A ver si se os atraganta, con un poco de suerte.
Y si después de los vascos quieren ser independientes los catalanes, los gallegos, los gaditanos o los mostoleños, pues nada. Mismo procedimiento.
Eso sí, las cosas muy claritas, amigos independientes. Como uno solo de los cuidadanos españoles que queden pierda un sólo pelo de la cabeza en un atentado de ETA o similares, el Estado español lo considerará un acto de guerra. Y os montaremos una invasión de padre y muy señor mío, y entonces podréis luchar por vuestra independencia (again), pero esta vez no será volcando contenedores, quemando cajeros o poniendo bombas en supermercados, sino peleando contra tanques, con dos cojones. A ver qué tal os sale eso, para variar.
En fin, por suerte yo no soy ni seré nunca presidente del Gobierno. Pero es que me sulivella la tremenda matraca con Batasuna por aquí, kale borroka por allá, presos de ETA bañándose en la piscina, presos de ETA elegidas damas de honor de las ferias de su pueblo (ojalá fuera coña), gente que no debería tener acceso a un micrófono chuleándonos impenitentemente, y un largo etcétera de mierda y más mierda que no me deja vivir tranquilo. Y de verdad, acabo tan harto que pienso que cortar por lo sano sería la mejor solución. Iros a tomar por culo, independientes e independientas, y tanta paz llevéis...
[Nota preliminar: El vómito de hoy es de los que levantan urticarias. Como alguno de mis comentaristas ha sugerido con una agudeza fuera de lo común, de vez en cuando escribo un post de estos muy, muy polémicos con el siniestro fin de aumentar el número de visitas a la página, para que me sigan reportando millonarios ingresos los doce paneles de anuncios de Google que tengo diseminados por el blog. Además, el número de visitas y los trackbacks y todo eso es algo que me obsesiona de tal modo que la página está llena de ellos. Y no olvidemos que LiveJournal me paga una pasta por cada comentario que pongáis, así que tengo que ser muy polémico. Al fin y al cabo, yo como de esto y ya se sabe que yo como mucho. Ah!, por cierto, cuando recibáis un correo de un nigeriano que aprovechando la caída del gobierno de MoowlooMoowloo ha trincado cientos de miles de millones de dóllares y sólo necesita vuestra ayuda para sacarlo del país y de paso haceros ricos, respondedle inmediatamente con vuestros datos bancarios, las escrituras de vuestra casa y vuestra talla de calzoncillos. Y como nota preliminar ya está bien, así que me voy a tomar unas birras con Papá Noel mientras Campanilla me la come. No te jode.]
No tengo ni la más remota idea de medicina, y más o menos es la misma idea que tengo de política, economía, fútbol, sexo, drogas o rock 'n' roll. Por supuesto, eso no me detiene en lo más mínimo para opinar de lo que haga falta, ya que siempre he pensado que si los tertulianos de la tele hacen lo mismo, ¿por qué yo no puedo? Además, las opiniones son como los culos, y el mío es más grande que el tuyo.
No tengo ni la más remota idea de medicina, pero he visto películas. Y es sabiduría popular en las películas que cuando hay un miembro del cuerpo se gangrena, hay que amputar. Ley de vida, como aquél que dice. Se corta por lo sano (de hecho, esa expresión viene precisamente de esta práctica) el miembro afectado para que la gangrena no se extienda por el resto del cuerpo y el interfecto se dedique a la cría de la malva silvestre. Mejor manco, o cojo, que cadáver.
En las relaciones personales, por lo que he leído en los libros y he visto en las películas, siempre es mejor cortar una mala relación por lo sano que permitir que siga emponzoñándonos la existencia. Se sufre, se pasa mal, pero después las cosas mejoran en la vida de uno, porque hemos eliminado el elemento que nos estaba jodiendo la vida.
Vamos, que en palabras de mi madre, esa gran filósofa de nuestro tiempo, lo que no conviene se deja.
Pues así terminaba yo con el problema de los nacionalismos. Dándoles, precisamente, lo que en apariencia quieren. Gracias al cielo no soy presidente del Gobierno, ni lo seré jamás, porque mi argumentación sería más o menos como sigue.
Vamos a ver, señor Ibarretxe, ¿qué coño es eso de hacerse estado libre asociado? Es como el hijo que se independiza de sus padres poniendo un candado en la puerta de su cuarto. No quiere injerencia paterna en sus asuntos, no quiere que sus padres le controlen lo que gasta o en qué lo gasta, ni que lo pillen con el maniubro en la mano en las noches de asueto; pero hostias, bien que queremos seguir trincando del monedero de mami. Pues así no son las cosas.
Lo mejor es cortar por lo sano: se hace el puñetero referéndum de una puta vez, y si los vascos y las vascas deciden que quieren ser vascos y vascas antes que españoles y españolas, pues nada. Se da un plazo de tiempo razonable (unos seis meses) para recolocar en España a aquellos vascos (y vascas) que prefieran venirse para España (Pepe). Después, se hace una frontera, se colocan vallas y ¡ya está! Ya sois independientes. Ya podéis tener vuestra propia policía, vuestro propio ejército, vuestros propios bancos, vuestra propia Agencia Tributaria, vuestra propia moneda (el eusko), vuestra propia selección de fúmbol, y todas esas maravillas con las que todo buen nazionalista sueña. Qué coño, con un poco de suerte alguno no se ha largado con la recolocación y podéis deportarlos al maligno Estado español, o mejor aún, montar un campo de concentración, que esas cosas yo sé que os encantan.
Eso sí, ahora os tocará intentar entrar en la Unión Europea, os tocará hacer que el eusko entre en convergencia con el euro, os tocará convencer a un buen mogollón de empresas que vuelvan a invertir en vuestro suelo, os tocará montar un ejército medio decente, os tocará intentar que el descojonamiento de piedras a puro huevo sea deporte olímpico, os tocará montar una Independiente Academia de la Lengua Euskara, os tocará negociar tratados pesqueros y de otras gaitas con otros países, y un largo etcétera de cosas que dábais por sentadas mientras seguías mamando de la teta de mamá-Estado. La independencia es dura, es lo que tiene. Y si los adorables muchachos de la kale borroka se encuentran con que no tienen razones para protestar pero, qué coño, tienen un mono de quemar sucursales bancarias que te cagas y deciden volver a las andadas protestando ahora por el precio del pescado, pues qué mala suerte. Pero eso ahora ya no es nuestro problema, amigos y amigas.
¿Y los presos vascos repartidos en nuestro país? Os los devolvemos, para que los recibáis con honores y bandas de música, que es lo que parece ser que queréis. Como auténticos héroes de la guerra de independencia. A ver qué coño hacéis con ellos.
En definitiva, tomad la independencia y atiborraos de ella. A ver si se os atraganta, con un poco de suerte.
Y si después de los vascos quieren ser independientes los catalanes, los gallegos, los gaditanos o los mostoleños, pues nada. Mismo procedimiento.
Eso sí, las cosas muy claritas, amigos independientes. Como uno solo de los cuidadanos españoles que queden pierda un sólo pelo de la cabeza en un atentado de ETA o similares, el Estado español lo considerará un acto de guerra. Y os montaremos una invasión de padre y muy señor mío, y entonces podréis luchar por vuestra independencia (again), pero esta vez no será volcando contenedores, quemando cajeros o poniendo bombas en supermercados, sino peleando contra tanques, con dos cojones. A ver qué tal os sale eso, para variar.
En fin, por suerte yo no soy ni seré nunca presidente del Gobierno. Pero es que me sulivella la tremenda matraca con Batasuna por aquí, kale borroka por allá, presos de ETA bañándose en la piscina, presos de ETA elegidas damas de honor de las ferias de su pueblo (ojalá fuera coña), gente que no debería tener acceso a un micrófono chuleándonos impenitentemente, y un largo etcétera de mierda y más mierda que no me deja vivir tranquilo. Y de verdad, acabo tan harto que pienso que cortar por lo sano sería la mejor solución. Iros a tomar por culo, independientes e independientas, y tanta paz llevéis...